sábado, 4 de abril de 2009

Laberinto y Salvación

¿Y si estas líneas no me mantienen atada a la vida?. ¿Y si no lo resisto?. Me siento al borde de mi propio abismo, de lo que quiero o puedo soportar.

Miro las pastillas. Las cuento. Pienso en ellas. Sé que están ahí, que son mi salida, la más rápida, la que me devolvería mis alas, si es que algún día las tuve.

No soporto el dolor, no soporto el cariño, ni las miradas, ni la pena.

Si estas palabras no me atan a la vida, no sé qué lo hará. Me pierdo. Me estoy perdiendo cada segundo que pasa, y estoy cansada de luchar. Quiero abandonar, tirar la toalla, descansar. No soporto mi vida, ni lo que le hago a lo que me quieren. No merezco su cariño, ni su atención, ni su preocupación.

¿Pero y a mí quién me va a salvar?. ¿Quién puede salvarme de mí misma?. ¿Quién puede protegerme de la autodestrucción a la que me encamino?.

Compasión (Febrero 2009)

No soporto dar pena. No resisto la compulsión que algunos tienen al consuelo y al consejo fácil y superficial. Quizá por eso es tan difícil compartir lo que siento, porque genera malestar en los demás, y eso les hace dar consejos con el único fin de sentirse más tranquilos, más útiles. Siento ira, rabia y frustración cuando recibo cosas del tipo "es una racha, no te preocupes, que pasará". Entiendo que no es fácil enfrentarse a la posibilidad de que alguien pueda vivir como yo vivo, de que sentirse mal sea lo habitual para alguien, pero es lo que hay. Y los consejos bienintencionados sólo me producen ganas de gritar: "¡Sí, mírame y enfréntate a la posibilidad de que la vida a veces no es hermosa, de que no todo son finales felices!. Te recuerdo lo que podrías ser mañana, o lo que quizás has sido, pero lo que estás haciendo no es encontrarte conmigo y mi dolor, sino exorcizar tu miedo, tu incapacidad para manejar el sufrimiento. Muy bien. No lo mires, no lo enfrentes, no lo creas, pero no lo hagas a mi costa. El día que quiera consejos vacíos me iré a buscarlos a cualquier libro barato de autoayuda".