No soporto dar pena. No resisto la compulsión que algunos tienen al consuelo y al consejo fácil y superficial. Quizá por eso es tan difícil compartir lo que siento, porque genera malestar en los demás, y eso les hace dar consejos con el único fin de sentirse más tranquilos, más útiles. Siento ira, rabia y frustración cuando recibo cosas del tipo "es una racha, no te preocupes, que pasará". Entiendo que no es fácil enfrentarse a la posibilidad de que alguien pueda vivir como yo vivo, de que sentirse mal sea lo habitual para alguien, pero es lo que hay. Y los consejos bienintencionados sólo me producen ganas de gritar: "¡Sí, mírame y enfréntate a la posibilidad de que la vida a veces no es hermosa, de que no todo son finales felices!. Te recuerdo lo que podrías ser mañana, o lo que quizás has sido, pero lo que estás haciendo no es encontrarte conmigo y mi dolor, sino exorcizar tu miedo, tu incapacidad para manejar el sufrimiento. Muy bien. No lo mires, no lo enfrentes, no lo creas, pero no lo hagas a mi costa. El día que quiera consejos vacíos me iré a buscarlos a cualquier libro barato de autoayuda".
sábado, 4 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario