Lo tengo todo, pero no tengo nada. Esta frase resume perfectamente cómo me siento. Tengo familia, amigos, una pareja que me adora, salud, trabajo y una vida independiente. Me reconocen, y hago cosas que me gustan. Y sin embargo nada de eso importa, porque no puedo apreciarlo, porque lo miro y me es ajeno, no me pertence, no lo conozco.
Es como si hubiese un cristal entre mí y todas esas cosas, todas esas personas. Sé que les importo, sé que me importan pero, simplemente, no lo siento. Lo entiendo, lo comprendo, hasta lo veo a veces, pero soy incapaz de sentirlo, y de apreciarlo.
Es la segunda vez en mi vida que paso por algo así, y no habría querido repertirlo jamás, pero debe de ser que no hice lo suficiente, o lo suficientemente bien, para evitarlo. Y esta vez tengo mucho más, he crecido, he evolucionado, y hago cosas interesantes, y hay más personas a mi alrededor, pero nada, solamente hay vacío. Y tampoco compartirlo con ninguna de esas personas va a ayudar, porque sé que me quieren, y que van a sufrir sin entenderlo, porque ni yo misma lo comprendo muchas veces, pero ahí está, así es. Sufro, pero no quiero hacer sufrir. Supongo que la única emoción que me queda es ésa (y las relacionadas). Es como si ya, simplemente, no pudiera sentir otra cosa, como cuando una persona se lesiona el cerebro y deja de ver los colores, por ejemplo. Para mí la vida solamente tiene ahora esos colores dolorosos de la tristeza, el desánimo, la frustración. Sé que hay otros, aún los recuerdo, a veces los adivino, pero, simplemente, no los veo.
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