martes, 3 de febrero de 2009

Sueño

Algo que he observado es que, cuanto más triste estoy, cuanto peor me encuentro, más necesito dormir. Es como si este estado me agotara, y sé que no es fácil de entender, porque hay días en los que prácticamente no hago nada, pero yo me siento como si tuviera que alumbrar Madrid con una pila de botón.
En algunos momentos sí me cuesta dormir, pero son aquéllos en los que la tensión, la ansiedad o la rabia me dominan, y entonces el sueño se va...pero por lo general me siento más como una marmota.
Tomando prestado el símil de una grandísima amiga, "es como si durmiendo más horas me ahorrara esa tiempo de pensar". Mi cabeza solamente me pide un respiro, mi cuerpo me suplica un descanso, y yo solamente quiero dormir para no tener que enfrentarme a otro día más.
Pero el remedio tampoco es prefecto, ni mucho menos. Me levanto con todo el cuerpo dolorido, contraído, me cuesta mover el cuello, la espalda me latiguea a cada movimiento. Quizá me ahorre unas horas de pensar con el cerebro, pero parece que mi cuerpo sigue pensando, doliéndose, reflejando lo que mi mente ha conseguido camuflar en 11 ó 12 horas de sueño.
La separación entre estados mentales y físicos es mentira: el cerebro lo gobierna todo, el cuerpo y la mente.

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